“Poner la Barba en Remojo”: ¿Qué implica la victoria de Lula para RD y las elecciones del 2024?






 “Poner la Barba en Remojo”: ¿Qué implica la victoria de Lula para RD y las elecciones del 2024?

La cerrada victoria en segunda vuelta de Ignacio Lula Da Silva, expresidente de Brasil entre 2003 y 2010, versus Jair Bolsonaro, presidente en funciones, marca una nueva victoria para la centro-izquierda e izquierda latinoamericana. Desde la victoria de López Obrador en México, en julio de 2018, de Gabriel Boric en Chile, en diciembre de 2021, y hasta la de Gustavo Petro en Colombia, en junio de 2022; los poderes ejecutivos de las principales economías de la región han ido cambiando democráticamente, nuevamente, hacia la izquierda ideológica. Con su reciente victoria, Lula integra a Brasil a esta tendencia regional, dejando solamente a Ecuador y República Dominicana, la séptima y octava economía de la región (según su PIB en 2021), respectivamente, como las únicas donde la izquierda (aún) no dirige la presidencia. Pero ¿qué realmente significa esto para la política y economía de la República Dominicana y qué podemos esperar en las próximas elecciones de 2024?

Grafico 1. Presidentes de izquierda elegidos en América Latina desde julio de 2018 hasta la fecha.

 

Grafico 2. Mapa político de América Latina. Fuente: DW, actualizado al 31/10/2022

 

La realidad es que, desde el final de la Guerra Civil de Abril de 1965 y las elecciones de 1966, la República Dominicana puede darse el lujo de decir que ha disfrutado de la organización continua de elecciones y del cumplimiento ininterrumpido de mandatos presidenciales. En comparación, Argentina retornó a un gobierno civil, constitucional y democrático en 1983, Brasil en 1985 y Chile, apenas, en 1990. Esta diferencia regional ha caracterizado a República Dominicana como un país donde prevalece la estabilidad política, facilitando la atracción de inversión extranjera. En consecuencia, el país ha experimentado un exponencial desarrollo económico, escalando de la posición 16/20 en 1966 a la 7/20 en 2021 según las estadísticas del Banco Mundial (ver gráfico 2 y 3). Dejando a un lado toda la controversia que rodea generalmente las cifras macroeconómicas, la realidad es que el país ha atravesado, casi desapercibido, una de las transformaciones económicas y sociales más significativas de la región, superando los niveles de productividad de gigantes como Brasil, Perú y Colombia, y con muy buenas proyecciones para continuar escalando posiciones en el futuro cercano.

Gráfico 2. Producto Interno Bruto (PIB) per cápita, América Latina (1966 vs 2021). Fuente: Banco Mundial, Databank.

 

En su medio siglo democrático, no se puede decir, explícitamente, que ninguno de los ocho presidentes que la República Dominicana ha tenido al frente del Poder Ejecutivo, hayan sido de ideológica de izquierda o derecha, ya que en la práctica, estos han navegado pragmáticamente entre políticas de ambos espectros. Lo mismo pudiéramos decir de los partidos que han integrado el sistema político desde 1966. Aunque el PRD, quien ocupó la presidencia entre 1978 y 1986, y nuevamente entre 2000 y 2004, tenía cierta inclinación hacia la izquierda ideológica, en la práctica, los gobiernos presididos por Antonio Guzmán, Jorge Blanco e Hipólito Mejía, se caracterizaron por favorecer la empresa privada, la apertura al comercio internacional y la reducción de la incidencia del Estado en la economía. Del otro lado del espectro político, los gobiernos presididos por Joaquín Balaguer, entre 1966 y 1978 y 1986 y 1996, generalmente considerados de derecha, paralelamente también contaban con políticas de controles de precios, reforma agraria, construcción de vivienda social y participación directa del Estado en sectores económicos. Posteriormente, los gobiernos más recientes del PLD y el actual PRM, desde 2004 hasta la actualidad, han continuado con esta tradición, mezclando políticas públicas en ambos espectros de la balanza.

Entonces, ¿qué podemos esperar en el corto plazo? La realidad es que la transición a la izquierda política de América Latina no es una tendencia nueva. Anteriormente, ya habíamos experimentado algo parecido con la llegada al poder de Hugo Chávez, presidente de Venezuela entre 1999 y 2011. Posteriormente, a Chávez le acompañó Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, entre 2003 y 2016, Evo Morales en Bolivia, entre 2006 y 2019, Rafael Correa en Ecuador, entre 2007 y 2017, y los Kirchner en Argentina, entre 2003 y 2015. Todos estos gobiernos fueron influenciados positivamente por el alza global en los precios de las materias primas, ayudando no solo a la implementación de extensos programas sociales, sino que también, al crecimiento económico de sus países y la significativa reducción de la pobreza extrema, hechos positivos que todavía se utilizan como su principal argumento de campaña. Sin embargo, poco o nada se hizo en ninguno de estos gobiernos por el fortalecimiento de las instituciones democráticas y la lucha contra la corrupción. Todo lo contrario, en su mayoría, estas figuras presidenciales se reeligieron en más de dos periodos consecutivos (aunque esto no es algo exclusivo de la izquierda), generalmente, a través de reformas constitucionales y “loopholes” en sus estatutos electorales. Como resultado, se ha afecto significativamente la alternabilidad democrática, con Cristina Fernández, aún como vicepresidente en Argentina, Daniel Ortega en Nicaragua, y Nicolás Maduro, heredero político de Chávez, aún en Venezuela.

Lo que si es nuevo en esta ocasión, es que a diferencia de hace veinte años, la región no atraviesa por su mejor momento económico. Para los países exportadores de materias primas, aunque los precios globales se dispararon como resultado de la crisis internacional en la logística de transporte marítimo y el disparo repentino de la demanda global como resultado de la pandemia, la inflación internacional y el alza del dólar amenazan con reducir cualquier ganancia económica para los presupuestos de la región. Por lo que es bastante probable que, al menos en corto plazo, no veamos la implementación, en igual magnitud y extensión, de los programas sociales que caracterizaron esta primera ola de gobiernos de izquierda.

Algo que también es importante recordar es que en las elecciones de Chile, Perú, Colombia y Brasil, fue necesario irse a “segunda vuelta” para determinar el ganador de la presidencia (ver tabla 1). Aunque con márgenes de diferencia fluctuantes entre los casos, la necesidad de irse a segunda vuelta tiene importantes implicaciones en las agendas políticas de los candidatos, obligando a estos a construir alianzas con otros partidos y entre sectores contrapuestos, y dificultando la construcción de consenso para la implementación de políticas públicas.

Tabla 1. Resultados de elecciones presidenciales, en segunda vuelta.

Países Candidatos Dif. (%)

Brasil Lula Da Silva (50,9 %) Bolsonaro (49,1 %) 1,8

Colombia Gustavo Petro (50,4 %) Rodolfo Hernández (47,3 %) 3.1

Perú Pedro Castillo (50,1 %) Keiko Fujimori (49,8 %) 0,3

Chile Gabriel Boric (55,8 %) Jose Antonio Kast (44,1 %) 11.7

Paralelamente, ninguno de los partidos de estos ahora presidentes, tampoco lograron obtener la mayoría en el Poder Legislativo (ver tabla 2). Implicando que, como ya de hecho hemos visto en el caso de Perú, estos gobiernos tengan un obstáculo adicional al querer implementar presupuestos y reformas legales.

Tabla 2. Resultados de las elecciones legislativas.

Candidatos Partidos Cámara Alta (senadores) Cámara Baja (diputadas/os)

Lula Da Silva Partido dos Trabalhadores 9/81 (11,1 %) 68/513 (13,2 %)

Gustavo Petro Pacto Histórico 20/108 (18,5 %) 28/188 (14, 8 %)

Pedro Castillo Perú Libre 37/130 (28,4 %)

Gabriel Boric Apruebo Dignidad 5/50 (10 %) 37/155 (23,8 %)

República Dominicana se acerca rápidamente a las elecciones de 2024 y aunque es improbable que un gobierno de extrema izquierda/derecha asuma la Presidencia o la mayoría en el Congreso, es importante que evaluemos a nuestros vecinos en búsqueda de lecciones que podamos aprender; como dice el viejo refrán: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. La lucha contra la corrupción e impunidad, el fortalecimiento de las instituciones democráticas y la reducción de la pobreza y desigualdad social; son temas comunes que compartimos con el resto de la región, por tanto, valdrá la pena observar y continuar navegando en el pragmatismo político para la construcción de soluciones orientadas a resultados medibles y tangibles.

Nos espera un futuro brillante si evitamos caer en la polarización y el populismo de izquierda/derecha.


Oscar Polanco

República Dominicana

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